Al máximo sin pasarse

No has escuchado a nadie en toda tu vida, yo tampoco. Si lo hubiéramos hecho esa experiencia nos habría transformado irremediablemente, habría un antes y un después.

Con esta hipótesis comienza Moisés Mato su monográfico del Teatro de la Escucha en la Sala Metáforas de Madrid, al que tuve la suerte de asistir el pasado septiembre. Cuando empiezas un curso escuchando semejante afirmación subes una ceja y piensas para tus adentros “se está equivocando, yo he escuchado a algunas personas, tal vez no muchas, pero lo he hecho y sé de qué va este rollo porque he estudiado muchísimo sobre comunicación”. Bueno, en realidad no sé con qué palabras pensé ese pensamiento, pero sé que subí la ceja, que mi ego se defendió y que sacó toda la artillería de mi soberbia para defenderse.

Todo el curso giró en torno a esta idea, nada más, así de sencillo. No hicimos otra cosa que abordar la escucha  desde diferentes perspectivas y ejercicios. Ya nos lo advirtió Moisés justo al principio, que sólo trataríamos una idea durante diez horas. Dicho así puede parecer el curso más cansino de la historia de la pedagogía, pero resultó todo lo contrario. Cuando quieres romper un patrón firmemente arraigado no puedes correr, tienes que dedicar todo el tiempo posible a la toma de conciencia sobre el error básico en el patrón.

Moisés me pareció un gran educador, con una visión un tanto particular y un concienzudo trabajo a sus espaldas no sólo respecto a técnicas, sino también respecto a la metodología y la teoría que sustenta su enfoque. Me quedo con el lema que nos transmitió durante todo el curso y que da título a este post. Representa la que debería ser nuestra actitud frente a la vida y a las relaciones personales para que se conviertan en significativas.

“Al máximo sin pasarse” significa explorar los límites de las relaciones, es escuchar y hablar totalmente. Puede que en algún momento nos pasemos de la raya, en ese momento corregiremos el rumbo, pero seguiremos explorando el límite. No hacerlo significa mantenernos en relaciones que no nos retan y, por tanto, no nos aportan valor. Pasarnos significa invadir el espacio en el que el otro no quiere que entremos y, por tanto, faltarle el respeto. Pero cuando la otra persona me lleva al límite, voy cogiendo confianza y ampliando mis propios límites, lo cual me ayuda a crecer.

Porque estamos explorando el límite, las relaciones humanas requieren tiempo para encontrar el equilibrio entre la tensión y la alegría. Este es el punto de encuentro entre dos personas, con nuestro trabajo y con cualquier cosa que merezca la pena ser vivida.

Una de las grandes habilidades de Moisés Mato es lanzar preguntas poderosas. La que más reveladora me resultó fue “¿A tu alrededor la gente crece?” Esa es la medida de que tus relaciones son significativas.

Esta es una sola de mis reflexiones sobre el Taller, no quiero contar más para no hacer “spoiler”, pero hay mucho más, básicamente una experiencia que te enfrenta a la parte de “status quo” que tienes interiorizada, un espejo en el que mirarte y mejorar, un juego con el que te diviertes y a la vez te conmueves.

Hemos cambiado la comunicación por el intercambio de palabras. Hemos asumido que las relaciones no deben tocar temas incómodos. Olvidamos que se puede crecer en sacrificio y en humildad, pactamos en relaciones de mínimos para no ir al límite. Todo esto he visto dentro de mi y también fuera.

Al tratarse de una metodología teatral trabajamos básicamente con el cuerpo, el movimiento, el contacto físico, la voz y otros elementos corporales. Sin embargo, no hace falta ser actor o actriz para hacer este curso, porque la dramatización es un recurso que sólo usamos en contadas ocasiones. Si te ha gustado, no dudes en apuntarte a la próxima edición.

Por cierto, gracias @islomar por animarme a escribir este post.

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#juguemOS

Asumamos de una vez que los perros no entienden el juego de tirarles el palo y pedirles que, tras correr hacia él y cogerlo, nos lo devuelvan.

Es cierto que algunos, muy pocos, consiguen, después de mucho entrenamiento, jugar como a nosotros nos gusta: traen el palo y lo sueltan, algunos incluso se sientan amablemente después de hacerlo. Sin embargo, su tendencia natural desde que son pequeños es devorar el trozo de madera o sencillamente seguir paseando con él en la boca. Nunca he visto ninguno que por propia iniciativa haya seguido nuestras reglas desde el principio. A veces pueden ser hasta más creativos que nosotros y he llegado a ver, en alguna reunión de amigos, cinco o seis perros corriendo juntos, cada uno con su propio palo en la boca.

Este juego también se puede hacer con piñas de pino, obteniéndose igual resultado.

El arte del juego nació antes que la Humanidad, pues forma parte de nuestros instintos animales. Llevamos muchos milenios jugando juntos, lo hacemos para conocernos mejor (a nosotros mismos y a los demás), para compartir experiencias, para disfrutar y para crecer. Por eso los niños no tienen que trabajar hasta que se hacen adultos: porque deben dedicar el mayor tiempo posible a jugar (después de cumplir con las obligaciones acordes con su edad).

En algunos ambientes está mal visto dedicarse a cualquier juego por sencillo que sea, desde la práctica de la ironía en grupo hasta todo aquello que tenga música o colores. Claro que me refiero, entre otros, al mundo del trabajo, donde se cuestiona la productividad que pueden ofrecer los momentos de socialización y descanso. Este es el modelo denunciado desde el enfoque del ecofeminismo, que propone ciclos de actividad seguidos de tiempos de reposo.

El próximo día 15 de diciembre en Izada vamos a entregarnos a la experiencia #juguemOS, un open space sobre el valor educativo y socializador del juego. Ve reservándote la fecha y empieza ya a buscar en el baúl de los juguetes, porque esta jornada la haremos entre todos.

En el blog de JuanmaGomez puedes encontrar toda la información. Para inscribirte pincha aqui.

¡Nos vemos el día 15!

Las piedras de Hansel

Taller Las Piedras de Hansel: indicadores de aprendizaje en la formación

Cuéntame algo y lo olvidaré. Muéstramelo y lo recordaré. Házmelo hacer y lo aprenderé.

Confucio

Evaluar un aprendizaje implica haberlo diseñado antes. Una verdadera evaluación del proceso de aprendizaje implica algo parecido a lo que hizo Hansel en el famoso cuento de los Hermanos Grimm: ir dejando pistas, señales, indicadores, para poder volver luego sobre nuestros propios pasos.

En este taller aprenderemos a diseñar procesos de adquisición de capacidades en tres áreas: cognitiva, procedimental y actitudinal. Además, mejoraremos nuestra capacidad de evaluar la transferencia de conocimiento. Está dirigido a profesionales que se dedican a la formación en cualquier ámbito (especialmente en IT), pues las herramientas de diseño y evaluación de la formación son las mismas independientemente de los contenidos a tratar. Además de aportar herramientas para la evaluación de aprendizajes, el taller tendrá un carácter práctico, de forma que se puedan revisar programaciones formativas y aspectos concretos que planteen los participantes.

Objetivos

  • Aprender a diseñar una evaluación del aprendizaje orientada a resultados desde el origen del proyecto formativo.
  • Distinguir diferentes elementos del diseño formativo: necesidades, objetivos, indicadores, metodología, etc.
  • Elaborar una programación educativa con indicadores de evaluación del proceso y criterios de evaluación.

Contenidos

  1. El diseño de la acción formativa: conceptos, principios y propósitos.
  2. Diferentes tipos de evaluación educativa: evaluación diagnóstica, final, del proceso, global, del resultado, del impacto, del aprendizaje.
  3. La evaluación del proceso de adquisición de capacidades: evaluación de conocimientos, de procedimientos y de actitudes.
  4. Limitaciones en el diseño y la evaluación. Errores más frecuentes.

Metodología

Pretendo aportar un marco teórico en programación educativa pero, sobre todo, incidir en la práctica concreta de los participantes para mejorar el diseño y la evaluación de sus acciones formativas. Por ello, el taller tendrá un carácter eminentemente práctico.

Próxima convocatoria:

Día

30 de noviembre de 2012

Hora

de 16h a 20h

Lugar

Deiser c/ Valentín Beato nº22. Metro Suanzes. Madrid

Precio

4o€

Imparte

Maica Trinidad

Más información e inscripciones

maicatrinidad@gmail.com

o al teléfono 620 14 96 75

Esta convocatoria es posible gracias a la colaboración de Deiser y a su iniciativa “Decisiones que ayudan”

El arte es basura

Hoy, por fin, he conseguido hacer la primera sesión de mi taller de reciclaje artístico con adolescentes. Llevaba tiempo preparando materiales y contenidos, pero los grupos no terminaban de salir. Lo jóvenes no acudían, a veces se quedaban en la puerta o preguntaban, pero no se interesaban por el montón de basura que les mostraba en el centro de la sala.

Después de que me ocurran estas cosas siempre busco explicaciones, la mejor que encontré para entender por qué ocurría esto fueque nuestros jóvenes viven en un bonito mundo de celofán, con consolas, móviles, ordenadores y miles de aparatejos, todos flamantes. Para ellos un montón de basura resulta algo demasiado escatológico o carente de valor (al fin y al cabo no son más que residuos).

Hoy ha sido diferente. Han venido pocos, es cierto, pero lo primero que han hecho al entrar en la sala es interesarse por el montón de basura, con curiosidad. Esta actitud me ha alegrado, nos hemos animado a charlar sobre trashart y hemos visto la obra de montones de artistas contemporáneos, el objetivo era construir algo nuevo a partir de la basura del montón en el centro de la sala. Lo que ha venido después aún me tiene reflexionando.

Impacientes, se han dirigido a la basura, se han repartido los aparatos electrónicos y han comenzado a “abrirles las tripas”. Todo lo demás seguía en el montón, materiales llamativos, desechos curiosos, objetos raros. Todo eso se ha quedado donde estaba, pero cada uno ha cogido un destornillador y se ha puesto a destripar un aparato. Resultaba divertido, al rato estábamos rodeados de piezas de todo tipo. En este momento las chicas cambian de actividad y comienzan a construir juguetes con cajas y botellas, pero los chicos siguen sacando piezas y piezas. Les planteo algún objetivo, algún proyecto con todas estas piezas, les animo a pensar sobre ello. Enseguida me doy cuenta de que es inútil: los chicos están disfrutando de lo lindo, esta actividad les motiva. Desmontan una pletina sin haber usado nunca una, como un objeto de otra época. Están entregados a la tarea.

En este punto decido no buscar un resultado, dejarles vivir una experiencia que a ellos, por algún motivo, les apasiona. No sé si he conseguido que se planteen la posibilidad de hacer arte con la basura, pero, desde luego, hay algo que necesitaban hacer y que hoy han podido hacer. Ya veremos qué ocurre la semana que viene en la segunda sesión, a dónde nos lleva esto.

Hoy sólo alcanzo a pensar que, tal vez, el hecho de que no entendamos cómo funcionan las cosas a nuestro alrededor, constituye un tipo de alienación moderna. La tecnología nos sorprende y nos fascina, pero nos hace, además, dependientes e ignorantes, necesitamos entender cómo funciona nuestro entorno.

Hablo de alienación a conciencia, como un fenómeno que nos aleja de nosotros mismos, que nos vuelve vulnerables y nos desorienta. Hay muchas más alienaciones modernas (derivadas del salto cultural del campesino al asalariado urbano), como la derivada del hecho de que ya no produzcamos nuestros alimentos; la que es resultado de la especialización, de forma que no controlemos el resultado final de nuestro trabajo y muchas otras.

Más allá de estos pasatiempos de antropóloga, la magia del asunto es haber conseguido que, durante unas horas, estos chicos y chicas hayan mirado su basura con otros ojos y la hayan encontrado divertida. Una nueva conexión creativa.

Algunos ejemplos de Trashart que ofrezco en mi taller son estos. ¿Adivinas qué materiales han utilizado?

 

Cuartoderecha

Pore(x)pan

Blas y Pablo Montoya

Sayaka Kajita

Junior Jacquet

Basurarte

Eden Project

Creative Recycled Steel Sculptures

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Brian Marshall

Francisco de Pájaro

Heath Nash

Trash People

Karol Bergeret

 

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