#juguemOS

Asumamos de una vez que los perros no entienden el juego de tirarles el palo y pedirles que, tras correr hacia él y cogerlo, nos lo devuelvan.

Es cierto que algunos, muy pocos, consiguen, después de mucho entrenamiento, jugar como a nosotros nos gusta: traen el palo y lo sueltan, algunos incluso se sientan amablemente después de hacerlo. Sin embargo, su tendencia natural desde que son pequeños es devorar el trozo de madera o sencillamente seguir paseando con él en la boca. Nunca he visto ninguno que por propia iniciativa haya seguido nuestras reglas desde el principio. A veces pueden ser hasta más creativos que nosotros y he llegado a ver, en alguna reunión de amigos, cinco o seis perros corriendo juntos, cada uno con su propio palo en la boca.

Este juego también se puede hacer con piñas de pino, obteniéndose igual resultado.

El arte del juego nació antes que la Humanidad, pues forma parte de nuestros instintos animales. Llevamos muchos milenios jugando juntos, lo hacemos para conocernos mejor (a nosotros mismos y a los demás), para compartir experiencias, para disfrutar y para crecer. Por eso los niños no tienen que trabajar hasta que se hacen adultos: porque deben dedicar el mayor tiempo posible a jugar (después de cumplir con las obligaciones acordes con su edad).

En algunos ambientes está mal visto dedicarse a cualquier juego por sencillo que sea, desde la práctica de la ironía en grupo hasta todo aquello que tenga música o colores. Claro que me refiero, entre otros, al mundo del trabajo, donde se cuestiona la productividad que pueden ofrecer los momentos de socialización y descanso. Este es el modelo denunciado desde el enfoque del ecofeminismo, que propone ciclos de actividad seguidos de tiempos de reposo.

El próximo día 15 de diciembre en Izada vamos a entregarnos a la experiencia #juguemOS, un open space sobre el valor educativo y socializador del juego. Ve reservándote la fecha y empieza ya a buscar en el baúl de los juguetes, porque esta jornada la haremos entre todos.

En el blog de JuanmaGomez puedes encontrar toda la información. Para inscribirte pincha aqui.

¡Nos vemos el día 15!

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La antropóloga agilista

Me gusta cuando los amigos describen mis actividades como las “cosas de Maica”. Ya sabéis que siempre ando con nuevos proyectos en la cabeza: cosas que pruebo, algunas funcionan, otras fracasan, pero de todas aprendo un montón. También sabéis que llevo meses codeándome con los que yo llamo “informáticos locos”, aunque nunca me paré a explicaros por qué. La pregunta que todo el mundo formula es: “¿Qué hace una antropóloga trabajando con informáticos?” Hoy os lo voy a explicar.

Para ser justos tengo que aclarar que no se dice “informático”, sino “desarrollador de software” (menudas brocas me han caído en estos meses al respecto). Pero bastante locos sí que están, al menos estos, que son los agilistas.

La culpa de todo la tiene @jmbeas, quien consiguió que yo entendiera en qué consiste el agilismo: una nueva metodología que se centra en las personas y en la promoción del cambio dentro de las empresas IT (tecnológicas).

Los desarrolladores generan proyectos en equipo, pero si el factor humano no está bien compenetrado la calidad del producto se resiente o llega incluso a sacrificarse. Además, la utilización de un lenguaje específico, llamado “código” obliga a consensuar los términos de referencia, los usos y las funcionalidades, pues todos los lenguajes funcionan sobre la base de una convención social, un acuerdo explícito para evitar interferencias.

Así, descubrí que todo lo que sabía sobre dinámicas de grupos, contextos participativos, semiótica y análisis de la realidad podía ser útil en este contexto. Los ingenieros se enfrentan a la dificultad de trabajar centrados en las personas aunque su formación es eminentemente técnica. José Manuel y yo advertimos que mi visión del cambio como proceso y las herramientas asociadas podían ayudar a aumentar las posibilidades de éxito del enfoque agilista.

Llevo meses estudiando y enriqueciéndome del bagaje de esta autodenominada “tribu“. Ellos han sistematizado técnicas muy poderosas en el trabajo con personas y, además, promueven un cambio de valores en las empresas que a mí me resulta realmente revolucionario: cooperar, compartir conocimiento, transparentar y mejorar continuamente, entre otros.

Con esta tribu comparto mi pasión por la dinamización del cambio, así como la necesidad de transformar el tejido productivo español y a nosotros mismos como profesionales. Se trata de gente amable y acogedora que siempre te busca un sitio entre ellos aunque hayas llegado hace muy poco.

Así que ya sabéis en qué ando. ¿Qué os parece? ¿Puede una antropóloga ser agilista?

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