Primera semana: adaptación

Sé que soy una malqueda, porque muchos me habéis preguntado qué tal me va por acá y a muy pocos os he respondido. No me resulta fácil hacerlo, por varios motivos, entre los que están la falta de tiempo, la falta de foco y la sensación de que no resulta fácil explicar cómo es posible que una semana tan dura me haga sentir tan feliz de iniciar esta etapa. Parece contradictorio, por eso sé que es real.

Si mi semana fuera una palabra sería “cansancio”. Este ha sido mi primer jetlag, al que se ha unido el agotamiento por las dos últimas semanas en España, con viajes para despedirme de la familia, gestiones para cerrar mi casa y mi trabajo y toda la intensidad emocional de las despedidas.

Tras 20 horas desde que cierras la puerta de tu casa en La Cabrera (Madrid), 12 de las cuales son en un avión, llegas a una casa desconocida en el culo del mundo y esa noche no puedes dormir más de tres horas. Te despiertas de madrugada, escribes tu primer post sobre el viaje y cuando al fin amanece te preparas para salir hacia el trabajo.

Me eché a la calle a eso de las 8 am. Todo era extraño. Busqué la alta torre del banco, pero desde la calle no podía verla. Me perdí y decidí preguntar a un portero apoyado con desgana contra un portal. “Por favor, ¿para llegar a la Avenida Reforma?” Los sonidos que salieron de su boca debían ser castellano, pero yo no entendí ni una palabra, aparte de que no parecía tenerlo muy claro (igual el tampoco entendió mi acento). En fin, supongo que esto mismo le puede pasar a un mexicano en Cádiz, o en Burgos.

A esa hora mi foco estaba en encontrar un lugar donde comprar un café en las grandes avenidas abarrotadas de tráfico y ruido. No tuve éxito. Me cruzaba con gente con sus cafés en vaso de papel, pero no pude averiguar dónde los compraban.

Mi trabajo no está a más de 15 minutos andando desde casa, aunque ese primer día tardé más de media hora, no sólo porque me perdiera, sino porque nunca encontraba por donde cruzar las avenidas gigantescas que se interponían entre mi destino y yo. Ya frente a la Torre Bancomer (esa que han inaugurado hace poco) me desesperé y le pregunté a una señora que regentaba un kiosco, me dijo que cruzara por un túnel subterráneo que tenía justo al lado. No os vais a creer la multitud humana que cruzaba por ese túnel, en dirección contraria a la mía y el aspecto que tenía aquel lugar: mil puestos de comida, algunas tiendas cerradas con montones de basura  en la puerta y, en el centro de todo, un altar con la Virgen de Guadalupe rodeada de flores y guirnaldas de luces. Otro día os contaré lo de los altares a la virgen por toda la ciudad. El olor era, cuanto menos, diferente, pero después de cruzar por allí al fin me encontré, a un lado, el bosque de Chapultepec y, al otro, la torre Bancomer.

Así empezó un día intenso en el que tus neuronas están a mil, intentando retener información de todos los colores, con mil presentaciones, saludos, datos y sensaciones en un cuerpo agotado. Combinas las reuniones con conversaciones por whatsapp en el baño para que la familia y los amigos sepan que estás viva y que has llegado bien.

A las 17,45h, cuando estaba intentando irme a casa, un manager nos llamó a su despacho para explicarnos su visión sobre el proyecto: “Seré breve, el origen de todo esto se remonta a 2014, cuando una soleada mañana de primavera mantuve una conversación con Pepito Pérez acerca del color de los tamarindos en flor…”. Luego nos fue contando con pelos y señales todas sus impresiones al respecto. Nos soltó mucho después y yo a esas alturas sólo quería llegar a casa y dejarme morir sobre la cama. Ya en ese momento mis neuronas no podían hacer otra cosa que derrapar en mi cerebro: intentaba decir lo que pensaba y salían palabras incomprensibles que no tenían nada que ver.

Era el día de la madre, así que la ciudad estaba desierta. De hecho, en casi todos lados la gente se había marchado a casa a la hora de comer y tenían la tarde libre. Yo crucé andando calles solitarias mientras anochecía y experimenté mi primer mal del altura al cruzar un puente elevado sobre una gran avenida cuajada de vehículos. Las calles aquí en México están mucho menos iluminadas que en Europa y en mi barrio no se veía un alma. El millón de veces que te han hablado de secuestros exprés en DF comienzan a volver a tu cabeza mientras das vueltas por calles desconocidas. Viva Google Maps, eso sí, que te permite encontrar tu destino aún con altas dosis de estrés en el cuerpo.

Esa noche, aunque estaba agotada tampoco pude dormir más de 4 horas. Como colofón, me vino a ver mi amigo el pintor (gran metáfora de mi amiga Ángeles sobre la menstruación), me empezó a doler todo y a la mañana vuelves a levantarte para ir a trabajar.

El segundo día es más duro: coctel hormonal mezclado con desánimo y desorientación. “Para qué he venido yo aquí?” te preguntas mientras ver pasar la vida frenética de una ciudad de 25 millones de personas a tu alrededor. El proyecto en el que estoy podemos decir que tiene “mucho margen de mejora”, como decimos los agilistas. Pero mucho, mucho. Ese día, en un momento de bajón salí del banco y me fui a dar un paseo por el Bosque de Chapultepec, que está justo enfrente de la oficina. Echaba de menos toda la rutina que en España me tenía amordazada. Me sentía perdida. Una ardilla salió a mi encuentro, nos quedamos mirando, paradas en medio de un sendero rodeado de flores, se acercó a mí dando saltos y me hizo sentir mejor. El hormigón y la nube de contaminación no suelen ayudarte a sentir como en casa, pero un animalito te puede llegar a recordar que no estás tan sola ni tan perdida.

Los siguientes días empiezas a mejorar: vas reconociendo las calles, encuentras un lugar donde comprar tu jugo verde para el camino y algo de comer, regentado por una familia amable que te trata como si te conociera de toda la vida. Empiezas a dormir y a descansar mejor. Charlas con los amigos de España y te permites tu pequeño momento “drama queen” tan terapéutico y reparador. Entiendes que, en el sinsentido de proyecto que te ha tocado, tienes un reto del que aprenderás lo que no imaginaste.

Y, de repente, como caído del cielo, llega el fin de semana. El viernes por la tarde nos fuimos con los compis de trabajo a tomar algo por el barrio de La Roma, a cenar en sitios super chulos y a echar unas risas. Necesitaba ver algo de la ciudad que no fuera el camino de casa a el banco. Entre margaritas de tamarindo y micheladas llegó mi primera “venganza de Moctezuma“. En ese momento consideré superado el primer proceso de adaptación.

El resto del finde he salido un poco, pero también he descansado, me he quedado por mi barrio y he dormido muchísimo. Mi objetivo principal aquí es estar fresca para lo que tengo que hacer de lunes a viernes, así que mañana llego con toda la artillería y las ideas claras al banco.

Después de todo lo dicho creo que puedo resumir que no ha sido una semana fácil, pero tampoco ha sido terrible. El cansancio me ha tenido bastante fuera de órbita en una ciudad con scroll infinito en google maps (si quieres mirar cuán lejos está algo, empieza a hacer zoom en el mapa hasta que dejen de salir calles y luego dale a “cómo llegar”, sobre ese tiempo estimado súmale un 5% del tiempo que te va a llevar encontrar los semáforos y pasos de peatones).

De aquí me encantan muchas cosas, la que más, los zumos de frutas que venden por todas partes, las aguas de frutas para comer (la de sandía está espectacular) y la comida. Los árboles los crían con esteroides o algo parecido y las flores no racanean su presencia por las calles. Las aceras están levantadas por las raíces de los árboles y porque hace mucho que no las arreglan, ir con tacones por Ciudad de México es hacerle la competencia a Chiquito de la Calzada.

Aún me falta todo por ver, me falta música, baile y muchos sitios que recorrer. Aquí ir por la calle es andar mirando mil detalles que nunca habías visto. Ayer el bosque de Chapultepec estaba a reventar de familias y puestos callejeros. Aquí el color tiene más matices.

En fin, creo que, ahora sí, ya estoy aquí al cien por cien. Que empiece la diversión.

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10 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Jose Manuel Beas (@jmbeas)
    May 15, 2016 @ 22:49:40

    Me alegro mucho de que estés a tope. ¡Que viva Méjico!

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  2. Pilar Navarro
    May 16, 2016 @ 08:55:52

    Linda flor,, que gusto que nos hayas puesto al día,, en muchos momentos me acordé de ti, en como estarías en ese proceso de adaptación, que lleva un tiempo, ya que son muchos cambios.

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    • maicatrinidad
      May 16, 2016 @ 20:49:02

      Gracias por leerme, Pilar. Saber que estáis al otro lado de la pantalla me anima a seguir escribiendo.
      Parece que el proceso de adaptación, o bien terminó, o pasé a la fase B, porque hoy me encuentro descansada y plena, con ganas de más y sin ninguno de los sentimientos de extrañeza que tuve la semana pasada.
      Cuida mucho mi sierra, la echo de menos. Besazos

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  3. Vanessa
    May 16, 2016 @ 17:34:20

    Maika te deseo lo mejor en esta experiencia!! Un beso y mucho ánimo!

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  4. Belén Carrillo
    May 16, 2016 @ 18:43:29

    Debo de tener una sonrisa de oreja a oreja porque me tira la piel de los labios y noto las comisuras de la boca.
    Usted sabe que viajar es vivir intensamente…. los días no parecen durar lo mismo…. y los colores tienen más matices 😉
    La pluma también se hace ágil al viajar, la novedad activa todas y cada una de las neuronas y el cerebro festeja lo nuevo con altas dosis de hormonas de la felicidad.
    Que gran semana en México acabo de pasar en una lectura que se me ha quedado corta. Gracias.
    Solo lamento que según pasen los días serás abducida por otro tipo de necesidades y tal vez escribas menos….el cordón umbilical con el otro lado del Atlántico se hará más elástico y un día amanecerás en una realidad sin imanes, una realidad más cercana a lo que realmente importa.
    Celebro contigo esa energía al 100%.
    Besón jalapeño.

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    • maicatrinidad
      May 16, 2016 @ 20:45:31

      Wow amiga qué bonito escribes ^_^ Viajar trabajando es bastante diferente, es la primera vez que lo hago y vives de espaldas a la realidad del turista que está de paso. Viajar trabajando te hace necesitar a la gente de acá, su ayuda, su acompañamiento. Es una forma diferente de conocer a los otros, sean los que sean.
      Muchas veces dudé, escribiendo el post, si no sería demasiado largo, si no aburriría a mi audiencia. Luego pensé que, para quien no le interesa tu vida, todos los posts son largos y me dejé llevar. Aún así, faltan mil impresiones y anécdotas que os seguiré contando.
      Espero que ese momento de ser abducida llegue pronto, la verdad. Aún ando con media cabeza en España, sin mucho que hacer acá cuando salgo de trabajar. Esta semana comienza la búsqueda de departamento en renta, es decir, de piso de alquiler. Supongo que eso traerá muchas más aventuras para contaros. También me falta contactar con la Red Indígena de Turismo de México para empezar a conocer el país desde dentro, en contacto con las comunidades locales. Y luego está el trabajo, del que no debo hablar mucho aquí, pero que está siendo duro y fascinante a partes iguales.
      En fin, que la vida sigue un ritmo trepidante y yo sigo a sus lomos sin caerme, ahora que empiezo a descansar bien estoy segura que empezaré a disfrutar el viaje.
      Besos con chile, pues

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  5. Susi
    May 18, 2016 @ 16:35:21

    Maiquiiiiiiiii cariño, eres una mujer tan poderosa que reconocer los primeros momentos de incertidumbre y sensación de estar perdida te hacen más poderosa aún…. Se que iras cogiendo fuerza, cada día iras consiguiendo cosas y la gente te querrá cada día un poquito más….
    Disfruta de todas esas sensaciones…. Y de tus deliciosos jugos de frutas
    Te quiero

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    • maicatrinidad
      May 19, 2016 @ 00:31:51

      Susi, mil gracias por tener esos ojos amables que sólo ven cosas buenas. Aquí las sensaciones van mejorando día a día y me encantaría teneros cerca para compartirlas. Como sucedáneo está el blog, me encanta que lo leáis, así seguimos en contacto.
      Cuídate mucho eh, sé que cuando vuelva ni mi Susi será la que era y yo tampoco seré la misma, pero estoy convencida de que las dos seremos mejores que cuando nos despedimos.
      Yo también te quiero, pequeña

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  6. Trackback: Manzana verde | elcaldero 3.0

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