Lola Roca

Lola Roca es muy joven, lo ha sido siempre y lo va a seguir siendo toda la vida. La culpa la tiene su sonrisa, en la que cabe el mundo.

La conocí un día de verano en un pantano, cantando flamenco y tocando palmas. Se me sentó muy cerquita y me hizo sentir que siempre seríamos amigas. Desde entonces, no importa lo lejos que se vaya, la siento al lado y busco incansablemente el momento de visitar su sonrisa y habitar su abrazo cálido de hermana.

Ella me enseñó a dar “besos apretaos” que luego yo enseñé a mis sobrinas, el mayor hallazgo de mis cariños lejanos. Me enseñó mucho más, la lucha incansable, la alegría irredenta y rebelde de quien no se despeina ni en los vendavales. Me enseñó la sencillez de quien sólo se necesita a sí misma y la constancia creativa para mantener un blog que nunca se agota.

Lola Roca lleva los dolores en el nombre y la fortaleza en el apellido, lleva flores en el regazo para todo aquel que se acerque y verdades puras en los labios. Y sin embargo, sus manos aprendieron también a comunicarse, para lanzar puentes con los que no tienen voz. Ella podría haber sido ingeniera de caminos, pero prefirió ser colega de profesión y por eso tuve la suerte de conocerla.

Gracias Lola Roca por seguir ahí, a través de los años y los kilómetros y gracias por hablarnos de todas las Lolas Rocas que has conocido. Gracias, por último, por hablar de esta Lola Roca que me emocionó y a la que no me importaría parecerme 😉

Te quiero.

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