Estruja el momento

No me hace falta llegar a ser una viejecita moribunda para saber cuál es la lección más importante que he aprendido en la vida.

Aunque me encante disertar sobre el secreto de la felicidad y el sentido de la vida (más como un ejercicio de gimnasia mental, como una forma de asomarme a la visión que los demás tienen del mundo) conozco cuál es la clave para no pasar por este mundo sin pena ni gloria.

Y lo mejor de todo es que tú también lo sabes, aunque a veces se te olvide.

El secreto de nuestra felicidad no es otro que centrarnos en este momento y sacarle todo su jugo.

No me refiero a aquella idea tan sesentera de ir al límite de las posibilidades, forzar los ritmos o vivir a lo loco. Al final esto nos lleva a la idea kamikaze de “morir joven para dejar un bonito cadáver”, algo que hace un flaco favor a nuestro potencial y al regalo de estar vivos.

Más bien hablo de tomar conciencia de este momento, el que nunca más volverá a ocurrir, ese que se nos está escapando entre los dedos mientras andamos preocupados por el futuro o lamiendo nuestras heridas del pasado.

Existen para mí dos referencias bibliográficas imprescindibles sobre este tema:

Así que no se trata de tomar grandes decisiones que cambien el rumbo de nuestras vidas, estas llegarán cuando tengan que llegar y, en ese momento, estaremos preparados para afrontarlas porque no estamos agotados por el ejercicio mental de preocuparnos, agobiarnos, añorar o proyectar cómo nos gustaría que fuera nuestra realidad.

Muchas tradiciones y espiritualidades han hablado de ello a lo largo de los siglos, no es ninguna novedad. La meditación budista y taoísta no pretende otra cosa que ejercitar nuestra atención en el presente y desarrollar nuestra conciencia, es decir, para que seamos capaces de darnos cuenta de en qué momento nos hemos distraído con el pasado o con el futuro.

En la tradición alquímica también se ha trabajado sobre este concepto: todo lo que necesitamos está aquí y ahora, lo que a veces falta es nuestra capacidad para darnos cuenta. El resto de acontecimientos no es más que el velo de la realidad, el devenir continuo que expresa el arcano “la rueda de la fortuna“, el Samsara o mundo de las manifestaciones según los budistas (el Karma). Nuestras idas y venidas, la fortuna o la desdicha, no son más que manifestaciones, lo esencial es nuestra capacidad de mantener la atención sobre los que hacemos, lo que nos está ocurriendo, ya sea una actividad o una conversación con otra persona, sólo seremos capaces de estar vivos si no nos fugamos a otro momento o a otro contexto.

Estar presentes, más allá de las preocupaciones y distracciones, no es una actitud, sino una cuestión de atención. Aunque parezca un pensamiento demasiado simple, no necesitamos más para vivir. En este momento que estás viviendo justo ahora está encerrada la posibilidad de ser felices, sólo tienes que concentrarte y aceptarlo con todo lo que te trae, lo bueno y lo malo, pues él es la semilla de todo lo que está por venir.

Os dejo un presente en forma de vídeo, a mí me despierta la sensación de intensidad de cada momento, espero que os traiga de vuelta a la dicha de estar vivos.

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