La antropóloga agilista

Me gusta cuando los amigos describen mis actividades como las “cosas de Maica”. Ya sabéis que siempre ando con nuevos proyectos en la cabeza: cosas que pruebo, algunas funcionan, otras fracasan, pero de todas aprendo un montón. También sabéis que llevo meses codeándome con los que yo llamo “informáticos locos”, aunque nunca me paré a explicaros por qué. La pregunta que todo el mundo formula es: “¿Qué hace una antropóloga trabajando con informáticos?” Hoy os lo voy a explicar.

Para ser justos tengo que aclarar que no se dice “informático”, sino “desarrollador de software” (menudas brocas me han caído en estos meses al respecto). Pero bastante locos sí que están, al menos estos, que son los agilistas.

La culpa de todo la tiene @jmbeas, quien consiguió que yo entendiera en qué consiste el agilismo: una nueva metodología que se centra en las personas y en la promoción del cambio dentro de las empresas IT (tecnológicas).

Los desarrolladores generan proyectos en equipo, pero si el factor humano no está bien compenetrado la calidad del producto se resiente o llega incluso a sacrificarse. Además, la utilización de un lenguaje específico, llamado “código” obliga a consensuar los términos de referencia, los usos y las funcionalidades, pues todos los lenguajes funcionan sobre la base de una convención social, un acuerdo explícito para evitar interferencias.

Así, descubrí que todo lo que sabía sobre dinámicas de grupos, contextos participativos, semiótica y análisis de la realidad podía ser útil en este contexto. Los ingenieros se enfrentan a la dificultad de trabajar centrados en las personas aunque su formación es eminentemente técnica. José Manuel y yo advertimos que mi visión del cambio como proceso y las herramientas asociadas podían ayudar a aumentar las posibilidades de éxito del enfoque agilista.

Llevo meses estudiando y enriqueciéndome del bagaje de esta autodenominada “tribu“. Ellos han sistematizado técnicas muy poderosas en el trabajo con personas y, además, promueven un cambio de valores en las empresas que a mí me resulta realmente revolucionario: cooperar, compartir conocimiento, transparentar y mejorar continuamente, entre otros.

Con esta tribu comparto mi pasión por la dinamización del cambio, así como la necesidad de transformar el tejido productivo español y a nosotros mismos como profesionales. Se trata de gente amable y acogedora que siempre te busca un sitio entre ellos aunque hayas llegado hace muy poco.

Así que ya sabéis en qué ando. ¿Qué os parece? ¿Puede una antropóloga ser agilista?

Sólo palabras

¿Para qué sirven las palabras? Gabriel García Marquez opinaba que sirven para salvarte la vida. Decía esto a propósito de un episodio en que estuvo a punto de ser atropellado por una bicicleta. Afortunadamente, justo a tiempo, alguien le gritó “¡Cuidado!” y pudo evitar el accidente.

Supongo que no resulta muy meritorio que un Premio Nobel de Literatura le conceda importancia a las palabras: al fin y al cabo es su trabajo.

Si haces esta pregunta a tu alrededor, muchos te responderán que las palabras sirven para comunicarse. Esa es la respuesta que nos enseñaron a dar en la escuela, como un acertijo en que no te dan tiempo para pensar la solución. Al fin y al cabo puede ser cierto, aunque resulta difícil evaluar si nuestras palabras sirvieron para comunicar lo que deseábamos.

Desde mi punto de vista las palabras sirven para mucho más que para comunicarse. En realidad creo que la forma en que nos comunicamos construye nuestro mundo.

Decía Ludwig Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Nos advertía que mi lenguaje limita a mi mundo. Pero también comprendimos que podíamos empezar a cambiar nuestro mundo a través de nuestro lenguaje.

Si prestamos atención a cómo hablamos, cómo nos hablamos y cómo hablan los demás, podemos descubrir un bonito caleidoscopio humano y social. La aventura del lenguaje nos abre un campo de posibilidades infinito: si sabemos ponerlo en palabras sabremos ponerlo en la realidad.

Dejo el vínculo a la iniciativa de unos amigos. Se trata de una experiencia que está demostrando cambiar un pequeño trocito de realidad a través de las palabras.

Somos The Posit

Os deseo una feliz semana llena de palabras hermosas.

He vuelto

Creo que he hecho mía la máxima agilista: “falla pronto y falla barato”. Me gusta esa falta de dramatismo: “Sí, he fallado en este intento. Vamos a por el siguiente”.

Soy lenta incorporando los cambios en la comunicación que está trayendo Internet, me despistan profundamente y me generan curiosidad. Como un experimento social más, me puse a escribir ElCaldero 3.0, sin saber muy bien por dónde empezar y qué contar.

Una amiga, cuando supo que iba a publicar un blog me preguntó, llena de curiosidad, de qué iba a tratar. No sé explicar muy bien por qué se me heló la sangre. Una mezcla de sentimiento de inferioridad, junto con pánico escénico, más ese sentimiento de que tienes demasiados frentes abiertos, te gustan demasiadas cosas. La realidad era que no tenía un proyecto definido y me estanqué muy pronto.

Para tener un proyecto de cualquier tipo una debe, primero, saber qué puede aportar. Pero ¿cuál es mi mensaje y qué es lo que yo quiero comunicar a los demás? Esta es la pregunta ante la que me atasco una y otra vez.

Durante mis últimas vacaciones me he dedicado a trabajar sobre esto, para dejar de tener una excusa. Si quieres escribir, escribe. Si quieres salir a correr, sal a correr. Es curioso lo que me cuestan ambas cosas.

La solución, como siempre, pasa por hacerlo fácil: pequeño, sencillo, poco ambicioso. Así que he decidido volver para compartir las cosas que me apasionan. Una segunda oportunidad.

Espero que os asoméis por aqui de vez en cuando para ver qué se cuece en ElCaldero 3.0

Os dejo con una joya musical: el viejo tango de Carlos Gardel interpretado por Estrella Morente. Volver.

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