El arte es basura

Hoy, por fin, he conseguido hacer la primera sesión de mi taller de reciclaje artístico con adolescentes. Llevaba tiempo preparando materiales y contenidos, pero los grupos no terminaban de salir. Lo jóvenes no acudían, a veces se quedaban en la puerta o preguntaban, pero no se interesaban por el montón de basura que les mostraba en el centro de la sala.

Después de que me ocurran estas cosas siempre busco explicaciones, la mejor que encontré para entender por qué ocurría esto fueque nuestros jóvenes viven en un bonito mundo de celofán, con consolas, móviles, ordenadores y miles de aparatejos, todos flamantes. Para ellos un montón de basura resulta algo demasiado escatológico o carente de valor (al fin y al cabo no son más que residuos).

Hoy ha sido diferente. Han venido pocos, es cierto, pero lo primero que han hecho al entrar en la sala es interesarse por el montón de basura, con curiosidad. Esta actitud me ha alegrado, nos hemos animado a charlar sobre trashart y hemos visto la obra de montones de artistas contemporáneos, el objetivo era construir algo nuevo a partir de la basura del montón en el centro de la sala. Lo que ha venido después aún me tiene reflexionando.

Impacientes, se han dirigido a la basura, se han repartido los aparatos electrónicos y han comenzado a “abrirles las tripas”. Todo lo demás seguía en el montón, materiales llamativos, desechos curiosos, objetos raros. Todo eso se ha quedado donde estaba, pero cada uno ha cogido un destornillador y se ha puesto a destripar un aparato. Resultaba divertido, al rato estábamos rodeados de piezas de todo tipo. En este momento las chicas cambian de actividad y comienzan a construir juguetes con cajas y botellas, pero los chicos siguen sacando piezas y piezas. Les planteo algún objetivo, algún proyecto con todas estas piezas, les animo a pensar sobre ello. Enseguida me doy cuenta de que es inútil: los chicos están disfrutando de lo lindo, esta actividad les motiva. Desmontan una pletina sin haber usado nunca una, como un objeto de otra época. Están entregados a la tarea.

En este punto decido no buscar un resultado, dejarles vivir una experiencia que a ellos, por algún motivo, les apasiona. No sé si he conseguido que se planteen la posibilidad de hacer arte con la basura, pero, desde luego, hay algo que necesitaban hacer y que hoy han podido hacer. Ya veremos qué ocurre la semana que viene en la segunda sesión, a dónde nos lleva esto.

Hoy sólo alcanzo a pensar que, tal vez, el hecho de que no entendamos cómo funcionan las cosas a nuestro alrededor, constituye un tipo de alienación moderna. La tecnología nos sorprende y nos fascina, pero nos hace, además, dependientes e ignorantes, necesitamos entender cómo funciona nuestro entorno.

Hablo de alienación a conciencia, como un fenómeno que nos aleja de nosotros mismos, que nos vuelve vulnerables y nos desorienta. Hay muchas más alienaciones modernas (derivadas del salto cultural del campesino al asalariado urbano), como la derivada del hecho de que ya no produzcamos nuestros alimentos; la que es resultado de la especialización, de forma que no controlemos el resultado final de nuestro trabajo y muchas otras.

Más allá de estos pasatiempos de antropóloga, la magia del asunto es haber conseguido que, durante unas horas, estos chicos y chicas hayan mirado su basura con otros ojos y la hayan encontrado divertida. Una nueva conexión creativa.

Algunos ejemplos de Trashart que ofrezco en mi taller son estos. ¿Adivinas qué materiales han utilizado?

 

Cuartoderecha

Pore(x)pan

Blas y Pablo Montoya

Sayaka Kajita

Junior Jacquet

Basurarte

Eden Project

Creative Recycled Steel Sculptures

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Brian Marshall

Francisco de Pájaro

Heath Nash

Trash People

Karol Bergeret

 

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