Sueños sin noche

En este invierno cálido y raro, de pronto, el frío se cuela por debajo de las puertas. Me reconforta sentirle llegar, aunque sea un poco tarde, a su cita anual.

Soy de ese tipo de personas que necesita, al menos, cuatro o cinco estaciones al año. El invierno para mí es el momento del recogimiento y el descanso. Tal vez no esté bien de la cabeza, pero necesito que la climatología me obligue a quedarme en casa.

Sé que ahora te preguntas si me he puesto a bloguear después de un montón de semanas de no hacerlo para hablar del tiempo. Pues estás en lo cierto, eso es justamente lo que hago. No me resultan fáciles las largas temporadas de sequía, ver que los árboles brotan en enero y los pastos secos en pleno invierno.

Pero esta noche sí hace frío, no hay mucho más que hacer en casa. Así que me voy a entregar a la lectura de Sueños sin Noche, un cómic de miedo que saqué el otro día de la biblioteca del pueblo.

Me gustan los comics, sin embargo, no frecuento en absoluto el género de terror, ni en literatura, ni en cine, ni en ningún medio. El motivo fundamental es que el miedo me parece una sensación demasiado desagradable, lo paso mal y, para colmo, luego recuerdo determinadas imágenes durante muchos días, no me gusta ir por ahí con los pelos de punta :S

Sin embargo, la introducción de Felideus Una defensa del terror fantástico me dio mucho que pensar. Reclama la creación artística como territorio del miedo fantástico e irracional, un lugar donde los miedos irreales no campen a sus anchas, sino que se atengan a las leyes de lo fantástico: la narrativa, la estética, la belleza y el deleite. Un cuarto de juegos donde disfrutar con lo más terrible, desarrollando nuestro sentido lúdico y la capacidad de observación de nosotros mismos.

Resulta que, en un momento en que el miedo individual y colectivo es casi palpable, esta reflexión me hace devolver las cosas a su sitio. El miedo al futuro se basa en el temor a que se produzcan  situaciones que a día de hoy son irreales. En nuestro intelecto evocamos catástrofes, reinventamos fobias, los documentamos con la prensa diaria. Vivimos con miedo, nos relacionamos temerosos de que nuestra suerte cambie a peor e imaginamos futuros amenazadores para nosotros y nuestros seres queridos. Este esfuerzo colectivo por dejarnos desgastar por el miedo, nos está llevando a una situación de inmovilismo, de aceptación, de falta de honestidad con nosotros mismos.

Así que esta noche acepto el reto: voy a hacer ejercicios con mi miedo, levantar la tapa de ese libro que me aterroriza e intentar aprender de la experiencia. Espero ser capaz, luego, de dormir 😉

Buenas noches de invierno

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